17 de junio de 2011

Si fallamos en el momento de actuar, si actuamos demasiado tarde, las consecuencias pueden ser irreparables. Si actuamos demasiado pronto también puede ser irreparable. Se trata de entender que todo tiene su tiempo.
Actuar o esperar, dos caras de una misma moneda. Con cualquiera de las dos podemos ganar pero también podemos perder.
Una corazonada, una señal, siempre buscamos algo que nos diga cuándo actuar. Pero no nos damos cuenta de que esperar también es actuar, entonces la impaciencia nos lleva a actuar a destiempo, a equivocarnos. Y si se trata de actuar nada mejor que sorprender. Somos esclavos de nuestras impaciencias, de nuestras tentaciones, de nuestra culpa.
Yo no sé esperar cuando me encuentro con un obstáculo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario